jueves, 26 de mayo de 2011

La miseria del que pierde mal

La escalera de Escher: La miseria del que pierde mal: "'Que este libro de la Ley no se aparte nunca de tu boca, tenlo presente día y noche para procurar hacer cuanto en él está escrito, y así pr..."

La miseria del que pierde mal


"Que este libro de la Ley no se aparte nunca de tu boca, tenlo presente día y noche para procurar hacer cuanto en él está escrito, y así prosperarás en todos tus caminos y tendrás buen suceso" (Josué 1, 8. Nácar-Colunga). Entenderé que a algún lector de este artículo le extrañe que comience con un texto del Antiguo Testamento; para los que mejor me conocen no será excepcional. Las circunstancias históricas en las que estas palabras son escritas suponen un momento dramático de la historia de Israel: la conquista de la tierra prometida, Canán, a manos de Josué tras el fallecimiento de Moisés. Pero lo importante es la llamada a la fidelidad hacia las normas que Moisés había dejado. A éso voy.
Las personas que desde la política, la religión, el periodismo, la locución, el comentario, la opinión en general o desde cualquier puesto de servicio público han hecho contrato con la sociedad, tienen que ser fieles a esos principios aun cuando el viento sople en contra o la lluvia venga cargada de piedras. Tanto los políticos como los que sin el menor soporte político ni personal juegan a serlo, están sometidos a la observación y a la crítica -o a la alabanza, si toca-, de los medios. Primero será la noticia -ahí están, generalmente pero no en exclusiva, los periodistas-, y después vendrá el comentario -ahí estarán los comentaristas, desde el periodismo o desde la notoriedad pública-, para ejercer las labores que comento. Pero mucho cuidado porque hay personas que carecen de la formación moral suficiente como para respetar que esto es un contrato social que nos compromete a todos y pueden saltarse la regla de oro del radical respeto a la privacidad de los participantes en este juego necesario, y disparar, directamente o de forma mediatizada, contra el mensajero.
En estos momentos, puede haber personas que en algunas formaciones se encuentren muy dolidas por el resultado electoral que hayan podido obtener y que además culpen, total o parcialmente, a los medios de comunicación de la falta de apoyo social recibido. Hay personas que pueden ser muy peligrosas, sobre todo para sus partidos porque, amenazando a quienes hacen comentarios públicos, ponen en grave riesgo a su formación de ser públicamenten (y donde proceda) denunciada como autora de dichas amenazas y de querer influir en la opinión que los ciudadanos tienen de algunas personas por medio de airear aspectos de la privacidad de personas que están en esto.
Es más, si situaciones como esas se dan y son permitidas por el líder de la formación que fuere, se expone a recibir un importante daño político tanto para él como para su organización, así que es de esperar la rápida reacción de dicho responsable. Las elecciones han pasado y se han dicho tantas cosas como se tengan que decir de la actividad pública de los candidatos, a los que por cierto se les ha dado más que cancha. En todos los sentidos se ha respetado la privacidad de los mismos, como es norma deontológica que debe ser. Si algunos o algunas piensan que por medio de la miseria de su forma de ser, pensar y sentir van a acabar con la misión a la que nos comprometemos como lo dicho en el texto que encabeza el artículo, están equivocados. Es más, será todo lo contrario. Y para terminar, otro testo bíblico, esta vez del Nuevo Testamenteo: "Cuídate tú y cuida la enseñanza; sé constante; si lo haces, te salvarás a ti y a los que te escuchan". (1 Timoteo 4, 16) Ése es mi camino y ahí seguiré: diré cuantas cosas haya que decir sobre la administración de nuestras cosas y recomiendo a algunos que no pierdan el tiempo en hacer daño a quienes no pueden porque su dedicación es ser conciencia social, no azote de vidas, como algunos apropiados en estos momentos de sus formaciones, quieren ser. Demasiada miseria para tan poco ser.