lunes, 10 de enero de 2011

¿Y EL FUTURO?

crisis económica es dramática desde muchos puntos de vista. Por un lado está la pérdida de empleos, la bajada de poder adquisitivo, la ruina de derechos adquiridos por los trabajadores, el paso de muchos elementos de la clase media a la clase baja e incluso al empobrecimiento, la inseguridad frente a las pensiones, la paulatina pérdida de subvenciones para los desempleados, …Nuestra sociedad está pasando por una realidad y unos cambios que aún no ha tenido tiempo de digerir, pero que con el tiempo tendrán que dar lugar a importantes acontecimientos sociales. La absoluta primacía de eso que se ha dado en llamar “mercados” y de las instituciones económicas internacionales sobre la capacidad legislativa de los diferentes gobiernos, han puesto el dedo en la llaga de la falta de autonomía de los estados para llevar a cabo sus propias políticas y de algunas ideologías para afrontar su futuro sobre viejos postulados filosóficos e ideológicos.
Gobiernos como el de Rodríguez Zapatero en España no sólo ponen de manifiesto el fracaso de determinadas formas de hacer política –aumento del gasto público y empecinamiento en la negación de la crisis-, sino en el vaciado profundo de contenido de lo que fueron partidos de izquierdas. Los partidos socialdemócratas, socialistas y muchos verdes se han encontrado que no les ha quedado más remedio que aplicar medidas puramente capitalistas y, algunas de ellas, duramente capitalistas. Hace unas fechas, cuando se anunció la retirada de la subvención de los 426 euros a los parados de largas duración, hube de enfrentar una de las imágines más desagradables del pasado año: Rosa Aguilar, la otrora alcaldesa comunista del Ayuntamiento de Córdoba, tratando de convencer desde la televisión a los trabajadores que eso era lo único que se podía hacer y que, por lo tanto era lo realmente progresista. Siendo así, los partidos de izquierdas –al menos los socialistas y socialdemócratas- aceptan plenamente no sólo el capitalismo, renunciando a su pretensión histórica de superarlo, sino que acatan las formas de hacer del liberalismo clásico. A partir de aquí, ¿qué formulaciones ideológicas y programáticas podrán presentar a un electorado ya bastante descreído? Y es más, ¿tendrás estos partidos el coraje suficiente para reconocer el agotamiento de su discurso y de su praxis y la necesidad de su refundación para seguir desempeñando algún papel en la sociedad?
Pero hay un más allá. Creo que las revoluciones de los próximos años –más allá de las tecnológicas y de reubicaciones sociales-, será la de la búsqueda de un lugar para la política cuando los “mercados” se empecinan en gobernarnos. Creo que la aldea global ha sido uno de los inventos más perniciosos para el género humano: no es posible tratar de igual manera problemáticas en lugares con diferentes estadios de desarrollo ni dejarlo todo a la lógica no ya de los mercados, sino de los hombres que ponen las reglas a esos mercados y que se definen básicamente por el egoísmo. La actual situación pone en crisis el sistema de partidos porque desposee de cualquier necesidad las diferencias de diseños en las políticas económicas y no dejan margen a acciones económicas autóctonas. Creo que a medida que se vaya superando la crisis y queden a la luz sus secuelas, occidente tendrá que pensar mucho sobre su propio sistema de representación y el nivel de exigencia a los políticos, clase hoy sencillamente desideologizada y cercana a la inutilidad vía el cinismo

PUBLICADO EL 10 DE ENERO EN "EL LABERINTO", "HUELVAYA.ES"

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