sábado, 26 de marzo de 2011

DIGNIDAD


Comienzo con esta cita de Albert Einstein: “En la política no sólo faltan dirigentes, sino también la independencia intelectual y el sentido de justicia de los ciudadanos. La organización parlamentaria y democrática, cuya independencia es un requisito ineludible, empieza a tambalearse en muchos lugares. Las dictaduras surgen y se toleran porque el sentido de dignidad y los derechos de la personalidad han perdido toda su fuerza”. (“El mundo como yo lo veo”, 2011 Ciro Ediciones, S.A. Biblioteca EL MUNDO). Pienso que las palabras de Einstein son muy claras y que no es difícil entender por qué las utilizo. Describen, en muy poco espacio, un mal que nos aqueja y que se ve que no es nuevo, que después de la segunda guerra mundial ya se había convertido en un problema en el mundo occidental. Los políticos conforman hoy en día una especie de masa informe sin dignidad, sin sentido de dignidad individual por cuanto el sentido corporativo del que se han dotado les exime de la necesidad de mostrarse como individuos libres e independientes, con capacidad de razonar ni de mostrar ideas propias. Por eso, en vez de dirigentes, en el Estado español y en Andalucía padecemos una epidemia de inútiles de todo pelaje intentando asegurarse una buena vida dentro de la administración pública. No son ni dirigentes ni políticos porque no tienen el pensamiento puesto en la mejora de las condiciones de vida de sus conciudadanos, de los que se han alejado en la medida en la que han empezado a pensarse diferentes, líderes, prohombres de la nada. Ejército miserable en la búsqueda de la satisfacción de las necesidades propias y de la consecución de una vida muelle e inmerecida de la forma más rápida posible.
Por eso, además, este ejército ha convertido a Andalucía, por ejemplo, en un sistema político de autoridad en el que a pesar de tantas elecciones, siempre gana el mismo partido, el Partido Institucional, el PSOE. Ahí otra de las partes de la cita. Los ciudadanos han perdido el sentido de la independencia intelectual y el sentido de justicia. Sí, muchos, muchos electores durante 30 años, por clientelismo, por pereza a la idea de cambio, por comodidad, por miedo a que la derecha le quite lo que ya le han quitado los socialistas, etc, etc, han permitido que lleguemos a este estado de cosas en el que todo forma parte del mismo régimen corrupto y demencial. Necesitamos, sí, el cambio de gobierno en el país y en el Estado español, pero sólo como principio del verdadero cambio que sólo vendrá cuando la sociedad recupere la dignidad y sea capaz de volver a movilizarse en busca de un sistema democrático representativo y no delegatario. El régimen de autoridad disfrazado de democracia, porque hay procesos electorales, es un problema que afecta a todos pero que todos mantienen: PSOE, PP, IU, PSC, nacionalistas diversos, etc. Unos más, otros menos, pero nadie cuestiona el fondo. Todos entraron en el aro de la Reforma del ’78 y quedaron petrificados tras el golpe de Estado del ’81, que decidió para siempre el status quo por el que ya tendríamos que vivir, sin cuestionar absolutamente nada. Sin dignidad, esa es la vida política que vivimos, de total ausencia de dignidad. Hay silencio, como si todo fuera normal, pero en este régimen, no hay dignidad.

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